Bassus, Finca Casilla Herrera. Ese es el nombre del nuevo vino de Bodegas Hispano Suizas en la Denominación de Origen Utiel-Requena y que sustituirá al clásico Bassus Premium, el tinto con el que se dio a conocer la firma hace ocho años y que se ha convertido en una referencia entre los vinos de guarda de la Comunidad Valenciana.

A partir de ahora llevará el nombre del pago del que sale toda la uva con la que se elabora el Bassus, la Finca Casilla Herrera. Las cinco variedades que forman el coupage ya clásico de este vino se cultivan en las proximidades de la bodega y es un particular homenaje a las generaciones que llevan apostando por el viñedo en esta zona de Requena.

Las “casillas” es la forma en la que se refieren en el territorio a las casas aisladas que, dotadas de bodega, cuadras, pozo y una pequeña zona arbolada, formaban la unidad de producción agraria tradicional.

Tras varias cosechas comprobando que este vino no necesitaba uva de otras zonas y que entre los propios propietarios de la bodega (Pablo Ossorio, Rafa Navarro y Marc Grin) al Bassus Premium le venían llamado el Bassus “de Casilla Herrera”, decidieron rebautizar el vino una vez consolidado coupage y terruño.

El Bassus Finca Casilla Herrera se hace con bobal, que es la variedad más célebre de Utiel-Requena, pero también lleva las foráneas de petit verdot, syrah, merlot y cabernet franc, lo que lo convierten en un vino singular y referencia para los amantes del vino de calidad de la Comunitat.

Esta apuesta por subrayar en la etiqueta los pagos de los que provienen las uvas comenzó con el Bobos Finca Casa la Borracha, un tinto elaborado exclusivamente con la variedad bobal de la propiedad.

Estos viñedos, que tienen un marco de plantación muy pequeño para que la cepa sufra y reduzca sus producciones y así concentrar uva excelencia, son los que hacen grande estos vinos junto con el buen hacer de nuestro enólogo, Pablo Ossorio.

En el caso del Bassus Finca Casilla Herrera está un mínimo de 20 meses en barricas de roble, primero en americano de 400 litros y luego en las clásicas Allier francés de 220 litros. Con ello se logra ese rojo picota intenso que lo definen y ese aroma complejo de frutos rojos y madera tostada.

Articulo de La Semana Vitivinícola